Valladolid Cofrade

Semana Santa de Valladolid 2018

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PREGON PRONUNCIADO EN LA CATEDRAL METROPOLITANA
A PETICION DEL ALCALDE DE VALLADOLID OSCAR PUENTE
PARA CANTAR NUESTRA SEMANA SANTA DEL 2018. 16 de Marzo de 2018
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Después de tantos años… ¡Qué ilusión!...
Qué ilusión encontrarme aquí delante de todos vosotros, cofradías penitenciales que hacéis posible la Semana Santa más grande de la cristiandad… Delante de todos vosotros, en este edificio que soñó Juan de Herrera como una obra grandiosa y al que, después, Churriguera modificó sus planos originales. ..
 
 
 
 
Al costado del enterramiento donde yacen los restos del Conde Ansúrez, precisamente en este año en el que se cumplen 900 desde el fallecimiento de quien reorganizó y  repobló Valladolid con un sentido de futuro. Repobló más que fundó esta capital nuestra, entonces  pequeña aldea y hoy, sin embargo, capital por méritos propios de Castilla y de León. Delante de Vosotros y de este retablo que nació de la gubia de Juan de Juni para la vecina iglesia de Santa María de la Antigua y que, en 1923, el ilustre arquitecto vallisoletano Ricardo García Guereta trasladó a esta Santa Iglesia Metropolitana…
 
Después de tantos años soñando con este momento,  tantos años en los que me reclamasteis para este acto, ahora que se cumplen vuestras peticiones y mi deseo gracias a Oscar Puente, me parece un sueño… Pero que no se culpe a nadie de este retraso. Dios, que maneja las grandezas y las miserias humanas con habilidad, no me consideraba apto, hasta hoy, para pregonar su pasión y muerte. 
 
Y ahora que el Señor me permite hacerlo, quisiera comenzar rindiendo un homenaje a mi padre que no solo me trajo a este mundo, sino que también me nació al mundo de la cultura, me acercó a la fantasía del periodismo y me asomó a la magia de la poesía. El escribió un romance para pregonar nuestra Semana y, de este romance, la Junta de Cofradías eligió uno de sus versos más significativos para convertirlo en un lema constante: pura maravilla de arte.  
 
Valladolid hecho templo.
Viernes Santo por la tarde…
¡Ay, qué dolor será el tuyo,
Valladolid, que te haces
todo Gólgota y Calvario,
abierto en cruz tu paisaje!
 
¡Silencio!... ¡Calla!... no puedo
lanzar mi pregón al aire,
que todo está como muerto
y nadie me oiría… ¡nadie!
 
Valladolid. Viernes Santo.
Pura maravilla de arte.
 
Pura maravilla de arte… Así cantó mi padre, salmantino de nacimiento, a la Semana Santa de Valladolid. Y creo, sinceramente, que no cabe otra definición para el desfile de Cristos y Dolorosas transidos por el llanto en la resina de sus maderos que, domingo a domingo, de Viernes de Dolores a Resurrección, se vive en esta ciudad que es la mía… Para un vallisoletano enamorado de Valladolid y orgulloso de nuestras tradiciones y de nuestras costumbres, enamorado por lo tanto de cuantos actos se celebran en la Semana de Pasión, pregonarla ante sus propios paisanos es siempre un motivo de orgullo, de propia estimación… Este humilde pregonero siempre ha soñado que podría hacerlo un día desde el altar mayor de nuestra Santa Iglesia Catedral…
 
 
 
2/
 
Pero mi deseo es seguir el programa con absoluta fidelidad y bueno es que siga el orden cronológico del mismo. Y, para ello, preciso es remontarse al Viernes de Dolores y al Vía Crucis de la Exaltación de la Santa Cruz y de Nuestra Señora de los Dolores que la Hermandad Ferroviaria pasea por el Barrio de las Delicias…
 
El Cristo sueña su muerte…
María sueña su vida…
Y cuando vuelven al Carmen
por la calle Andalucía,
la Madre y el Hijo saben
que ambas cosas son la misma…
 
También se hace necesario remontarse al Sábado y a la procesión del Ejercicio Público de las Cinco Llagas que recorre en penitencia la zona de los conventos cuyos claustros huelen a santidad, a hierbabuena y a incienso… Que lleva su dolor hasta las calles de la Corte antigua, rincones llenos de historia, piedras de viejos siglos que se mantienen vivas dentro del siglo presente.
 
Cinco llagas tiene Cristo,
cinco estigmas, cinco nardos,
cinco heridas florecidas
en el odio y el pecado.
Cinco llagas tiene Cristo:
dos se marcan en sus manos,
dos se fijan en sus pies
y, en su pecho mutilado,
la más colosal de todas,
la llaga de su costado…
 
Y el primer domingo de la Semana es Domingo de Ramos, día de alegría porque el Señor llega a lomos de su borriquilla para anunciarnos la buena nueva de la Redención. Todos le recibimos con palmas y todos, pero especialmente los niños, le acompañan en su camino desde la Catedral, por la calle de Santiago y la Plaza Mayor, hasta la calle de Platerías, hasta la puerta de su iglesia, de la Santa Iglesia Penitencial de la Vera Cruz.
 
El azul de la mañana
lo va al viento pregonando:
hoy es domingo, domingo,
hoy es Domingo de Ramos…
Jerusalén aquel día
sería un pañuelo blanco.
 
Después de la alegría y los ramos, después de la sonrisa y de las palmas que los niños agitan con su entusiasmo fervoroso, llega el inmenso y profundo dolor del lunes. Si venís conmigo, de la mano, el lunes podréis asistir al Santísimo Rosario en el que se muestran con sus respectivas cofradías aquellas tallas que representan los Misterios Dolorosos de la Pasión: la Oración del Huerto, el Cristo atado a la columna que este año anunciará nuestra Semana Santa por el mundo mejor que yo, el Ecce Homo, el Camino del Calvario y la Crucifixión…
 
El Santísimo Rosario
pasa encendiendo en las torres
(en gozo, dolor y gloria)
su procesión de faroles,
lucecitas que en el viento
se nos hacen oraciones
y que caminan dejando
en la calle un horizonte
de estremecidos reflejos,
de trémulos resplandores.
 
 
 
3/
El misterio doloroso
de la Pasión, en el bronce
de las sombras se ilumina
y en las almas arde el bosque
que no nos dejaba ver
el camino hacia ese dónde
el dolor se hace caricia
para que en amor se torne…
Pasa y se aleja el Rosario
lentamente y es entonces
cuando sentimos que dentro,
muy dentro, nuestros dolores
y nuestras penas se encienden
e iluminados al roce
de unas alas invisibles,
pasan también en la noche
de nuestra desesperanza
(fanales los corazones)
en el rosario del alma,
procesión de los faroles…
 
En esta procesión, antiguamente los cofrades no llevaban hachones de cera, sino faroles donde se reflejaban los padrenuestros y las avemarías que se van desgranando, una tras otra, en el rezo de cada misterio. Los faroles se fueron deteriorando, no hubo quien los recuperase y el rosario perdió ese hecho singular y distintivo que, a mí particularmente, me parecía importante y que me parece importante recuperar. He ahí una propuesta que os hago.
 
El Lunes Santo empalma con un día cualquiera de 1950.  Por aquel entonces, el día de guardar era el Viernes Santo y, por ello, redactores y repartidores de periódicos, empleados de la publicidad y obreros del taller estaban en condiciones de asistir a la Procesión General de la Pasión. La Junta Directiva de la Asociación de la Prensa, de la que formaba parte mi padre, aprueba constituir una cofradía bajo el amparo del Discípulo Amado, San Juan Evangelista, primer testigo directo de los dolores de Cristo, primer “enviado especial” a tan significativo acontecimiento para, después, dejar fe por escrito en esos periódicos de alcance mundial que son el Nuevo Testamento y los Santos Evangelios. Se acuerda que el hábito sea blanco y el capirote negro porque, en aquella fecha, las informaciones se escribían en los periódicos con tinta negra sobre papel blanco… Se la conoció como la Cofradía de los Periodistas… que los periodistas también tenemos nuestro corazoncito…
 
Desfilaron con un paso en el que se representaba al propio San Juan junto a Nuestra Señora dos tallas cedidas por la Vera Cruz, además de una imagen de María Magdalena procedente del Museo Nacional de Escultura… se mostraron al pueblo las tres figuras de quienes acompañaron a Cristo hasta expirar en la cruz. Y así fue a lo largo de ocho años hasta que el Vaticano primó como día de guardar el Jueves y, por lo tanto, el Viernes se convirtió en jornada de trabajo para todos cuantos tenían relación con las tareas informativas… La Cofradía de los Periodistas desapareció… Hasta que un grupo de entusiastas de esa Semana Santa quiso recuperarla siendo arzobispo de esta diócesis Braulio Rodríguez, hoy Primado de España, que hizo una insinuación: “Si añadís la acepción al Cristo de Medinaceli, os lo apruebo ahora mismo”… Sin embargo, fue el hoy cardenal Ricardo Blázquez quien daría la definitiva aprobación y así renació aquella vieja cofradía que la Asociación de la Prensa de esta ciudad soñó para su Semana Santa. Sánchez Merlo, Carrero, Vasallo, Montalvo, mi padre y tantos otros quedaron reflejados en los anales de nuestras procesiones.
Milagro fue Señor que, al contemplarte,
clavado en esa Cruz y escarnecido,
se hicieran luz mis sombras, fe el latido,
serenidad mis pulsos y, en amarte,
fuera dolor por mi bien recibido
si era una espina menos a arañarte.
 
4/
 
Después de los vaivenes propios de un renacimiento, llegó a la presidencia de la recuperada cofradía Santiago Capote, un andaluz agarrado a sus costumbres religiosas y enamorado de la Semana Santa de su tierra y de la nuestra… Trajo Santiago a nuestras procesiones la influencia de las suyas. Pero, la influencia andaluza no fue cosa tan solo de Santi. Tiempo atrás, al asomar por San Martin la 
Quinta Angustia envuelta en su pena y en su hermosura, ya se arrancó una voz del Sur para entonar una saeta. Y una saeta yo he escuchado algún año más en el atrio de la Vera Cruz… Hay quien se rasgó las vestiduras por este traslado a nuestra seriedad castellana de una muestra tan distinta a ella. Hay quien se rasgó también su clámide cuando al Cristo de Medinaceli se le bailó con unos movimientos que nunca habían sido nuestros. Pero yo me pregunto:
 
¿Qué tiene de malo unir un gesto de amor a otro gesto de respeto?...
 
Cuando se inicia la Procesión de Regla de este Discípulo Amado en la noche del lunes y los costaleros han entrado bajo el paso para cargar sobre sus hombros el peso infinito de la carroza, el capataz que a su vez es presidente, desde el exterior, les dice:
 
“Hermanos costaleros, se que han sido muchos días de ensayo, días robados a vuestros hijos y vuestras familias, pero con un fin merecido, vamos a llevar a nuestro padre Jesús por las calles vallisoletanas como él se merece. El corazón de un costalero no entiende de protocolos, solo tiene un deseo, llevar a Cristo en sus hombros con amor y humildad, con todo el amor que El se merece. Por eso pongamos el corazón al palo y vámonos al cielo con EL”
 
Estas palabras tan inflamadas de amor a Dios, tan llenas de esperanza y de caridad ¿están tan lejos de nuestra fe?... El rostro del Medinaceli y la forma que tienen de hablar sus manos esculpidas por un artista andaluz ¿no tienen en su fondo tanta esperanza como tiene nuestro sentido del amor?... No seamos fundamentalistas de una pasión que nos alcanza a todos por igual… Un hombre de empresa de esta tierra nuestra, un hombre que hace de la poesía su esparcimiento, escribió del Medinaceli:
 
Con sus manos pide a gritos
que des amor, comprensión…
que la soga no le impide
llevarte a su corazón.
 
Mientras tanto, la cofradía de la Preciosísima Sangre lleva al Cristo de la Buena Muerte, por calles enlutadas y en silencio profundo hasta la Basílica Nacional de la Gran Promesa para después continuar hasta el Real Colegio de San Albano para que la imagen de la Vulnerata, a hombros de los seminaristas ingleses, sufra una vez más el dolor de tantas guerras como se han declarado, y se declaran aún, en nombre de la religión. En el rostro de la Madre están las huellas de una batalla.
 
Los balcones no se abren
y detrás de cada vidrio
rostros orantes se asoman
para reclamar al Cristo,
en mudo y extraño rito, 
que se acuerde de este valle,
de cuantos en él vivimos
para darnos buena muerte
y una vida en equilibrio.
 
 
 
 
 
5/
 
El Martes Santo podréis seguir, con una emoción incontenible, el encuentro de la madre con su hijo. Sólo dos andas intervienen: la Virgen de las Angustias y el Cristo Camino del Calvario. Se llevan sobre los hombros, tal y como se hacía hace cuatro/cinco siglos. Con una honda lentitud, la Madre sube la cuesta desde su iglesia hasta la Universidad apoyada en la fe de su Cofradía Penitencial… Con una lentitud doliente, el Cristo avanza desde San Andrés hasta la zona universitaria con el esfuerzo de los cofrades del Despojado que primero fue el de Gregorio Fernández y, por fin, la imagen esculpida por el cordobés Miguel Ángel González Jurado en el 2009. Y es en la Plaza de Santa Cruz, frente al Palacio del mismo nombre, donde se encuentran para que la madre llore y lloren con ella todas las mujeres de Valladolid que la acompañan en su Soledad.
 
“No lloréis por Mi; llorad
por vosotras”… Se deshace
en lágrimas el momento.
Susurro su voz, añade:
“y llorad por vuestros hijos”…
En el milagro del aire,
alas de luz, las palabras
del Hijo son su mensaje.
Consumado está el Encuentro.
El ágora se ha hecho calle
de la Amargura… Jesús
con la cruz sigue adelante
y la Virgen Dolorosa
se queda en sus soledades
mientras en la plaza el pueblo
canta a coro: “Dios te salve”…
y otro coro que se apaga
en todas las bocacalles,
alejándose, responde
en un clamor: “Reina y Madre”…
 
Imaginaos vosotros, como en un sueño, el paso de una madre desolada delante del barroco que diseñó fray Pedro de la Visitación, la procesión de las sombras deslizándose entre las piedras que labró Antonio Tomé y, finalmente, el encuentro de la Virgen con el Hijo injustamente maltratado frente a esa impresionante mezcla de gótico y plateresco que es la fachada del Colegio de Santa Cruz para la que se alternaron las manos sabias de Pedro Polido, Lorenzo Vázquez de Segovia y Ventura Rodríguez…
 
Imaginároslo por un momento… Pero no dejéis de asistir después  a la Peregrinación del Silencio. La Hermandad Penitencial de Jesús atado a la columna, impresionante obra de Gregorio Fernández firmada en 1619 y que este año promocionará nuestra Semana Santa, avanza entre el sonido comunicador de esa campana tan difícil de llevar y casi imposible de arrancar de aquellos corazones que presencian su paso hacia la Pilarica. El castigo vergonzante que sufrió Jesús (y que todavía ahora muchos tratan de repetirle) es un motivo de meditación para todos los creyentes pero, en especial, para quienes cotidianamente le niegan.
 
Bien atado a la columna
pasa Jesús Nazareno
con su espalda lacerada
hasta vérsele los huesos,
toda su espalda una herida,
toda su carne un tormento,
toda su piel desgarrada,
el muñón sanguinolento… 
 
 
 
6/
 
Y, sin embargo, en el rostro
qué reposado su gesto,
qué dulzura en la mirada,
qué infinito su consuelo,
cuánta clemencia y perdón,
cuánto amor hay en su aliento,
qué tranquila su figura,
en el suplicio qué tierno…
 
 
El Miércoles Santo, el programa se ocupa con la procesión del Vía Crucis. Toda la ciudad se llena de negros crespones que van marcando, una tras otra, las catorce estaciones de la Pasión. Y, por delante de todas ellas, desfila la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno con su imagen titular, un impresionante Cristo con la cruz a cuestas salido de la Escuela Castellana en el último tercio del siglo XVII. Pero también lo hacen llevando a hombros un agónico Cristo de la Agonía –permitidme la dolorosa redundancia- que nació, en el año 1684, de la inspiración casi divina pero absolutamente humana de Juan Antonio de la Peña.
 
 
Tenía sed y estaba en el desierto,
una sed infinita de ternura
que en espejismo se trocó  y locura
para soñar en cada estrella un puerto.
Tenía sed y el corazón abierto
como un labio sediento de frescura,
y me fijé, Jesús, en la dulzura
honda y serena de tu rostro yerto.
Tenía sed y, al presentirme muerto,
ví que se hacía fuente tu escultura
para darme a beber el agua pura
del pozo milagroso de tu huerto…
¡Cristo de la Agonía!... Oasis cierto
en el inmenso erial de mi amargura.
 
La noche del miércoles se convierte en una sucesión de recuerdos y en un bosque de capirotes, de cruces y dolorosas transidas, los pasos mezclados con las oraciones de quienes contemplan, rezan y lloran. Desde el convento de Porta Coeli, con la primera negación, arranca la procesión del Arrepentimiento en la que desfila una talla, las lágrimas de San Pedro, obra que data de 1720 y se atribuye a Pedro de Ávila. El apóstol que era pescador y luego fue piedra seguirá negando por segunda y por tercera vez… Quizás por ello, el desfile haga tres altos con tres reflexiones en torno al arrepentimiento y la conversión: en la Vera Cruz, en la iglesia de Santa Isabel y en el Monasterio de San Quirce. 
 
La Catedral Metropolitana se ha convertido en el centro de no pocas procesiones que, frente a las piedras del tempo, celebran sus actos de recogimiento y oración.  A las diez de la noche, la cofradía de las Siete Palabras, la mía, la que yo seguía cuando niño desde el balcón de la casa de mis padres en el Atrio de Santiago, en su procesión titulada Paz y Reconciliación llevará a su Santo Cristo de las Mercedes desde su sede, en la iglesia de Santiago, hasta la Iglesia Catedral. El Cristo de las Mercedes, impresionante talla que la gubia del milanés Pompeyo Leoni esculpió en el siglo XVI, hay quien dice que a petición del mismísimo rey Felipe II. En la Santa Catedral, se reza un Miserere de esos que  ponen la piel de gallina a quienes lo escuchan y refuerzan la fe de quienes dudan. 
 
 
 
 
7/
 
Penitente y peregrino,
con nuestros yerros a cuestas,
inmigrante solitario,
mártir, víctima y gacela,
con la pena en el semblante,
lapidado por las piedras
de todos nuestros desvíos
nos mira con insistencia
 –esa mirada tan triste- 
y, al mirarnos, nos enseña
que el perdón lo puede todo,
que el perdón quiebra barreras
y supera enemistades…
que el perdón es la riqueza
que nos hará opulentos,
que nos iguala en la tierra,
que nos hará más humanos,
que disipará la niebla…
 
Con las sombras de la medianoche, la cofradía del Santo Sepulcro lleva a hombros, a través de un itinerario con resonancia de hace cinco siglos (Rinconada, Cebadería, Plaza del Corrillo, Plaza del Ochavo, Platerías, Guadamacileros, Expósitos, Santo Domingo de Guzmán…) al Santísimo Cristo del Consuelo. La Peregrinación del Consuelo que arranca en el Convento de San Benito con el Cristo del mismo nombre, Cristo del Consuelo, procedente de la primera etapa de Gregorio Fernández (1610), acompañado por su Cofradía y los frailes carmelitas descalzos. En su recorrido se marcan las catorce estaciones del Vía Crucis y es en el rezo de la cuarta estación, ante la iglesia de la Vera Cruz, cuando la talla de la Virgen Dolorosa sale a la puerta de su templo para allí honrar a la imagen que tiene como precepto la consolación.
 
Procesión de media noche,
perfiles de plata y oro,
Juventudes Josefinas
que llevan sobre los hombros
al Cristo que es Dios y amigo,
que es mensajero  y esposo…
al padre y al compañero
tallados al mismo torno…
a Jesús crucificado
¡qué misterio tan hermoso!...
Y al verle pasar en calma
¡ay que sosiego tan hondo!...
al verle sobre el madero
en el poniente es un olmo,
al ver pasar el cortejo
penitente y silencioso
sentí que Dios es consuelo
y que consuelo es el Padre
y en el consuelo está al gozo
y en el gozo está el misterio
y, en el misterio, nosotros…
 
 
 
8/
 
A esa misma hora, la Quinta Angustia, otra vez Gregorio Fernández, por las calles de la barriada, barrio de San Martín, mostrará el cuerpo asesinado de su hijo a quien lo quiera ver. La Cofradía de la Piedad atraviesa las calles de Alamillos, Pólvora, Covadonga y Plaza de las Batallas donde tiene lugar un acto penitencial que siguen con devoción no pocos vallisoletanos noctámbulos…
 
Señora de la Piedad,
Virgen de la Quinta Angustia,
deja que mi Salve al viento
y que en el viento retumba
resulte para tu pena,
esa pena tan aguda,
bálsamo, esencia y remedio,
mirra, medicina y cura…
para tu ansiedad alivio,
para tus males ventura,
consuelo a tu desconsuelo
y respuesta a mis preguntas…
 
Jueves Santo, se convierte en un ramillete de procesiones que aquí y allá van desgranando su pena y su penitencia…  Primero os estremeceréis ante el paso majestuoso del Cristo de la Luz. Profesores y alumnos, docentes y discentes, sin togas ni birretes, hermanados por las túnicas negras, por el color magenta de los capirotes y fajines, lo mismo quienes enseñan como quienes aprenden, llevan a hombros este impresionante delirio de fe al que dio forma para que se conservase en la Capilla del Colegio de Santa Cruz, cómo no, ese gallego único que respondía al nombre de Gregorio Fernández, sinónimo de inspiración pero, también, de fe y de amor a Dios… Todos piden al Señor crucificado que les llegue la luz, esa luz del conocimiento, para ponerla al servicio de los demás.
 
Calle de Librería abajo
la procesión se nos pierde
y en la Plaza del Museo
los niños que juegan siempre,
los pájaros en sus trinos,
la nube, el árbol, la fuente,
el viento que va de paso,
todo se aquieta y suspende
porque el Cristo de la Luz,
ensangrentada su frente,
cayéndole el pelo suelto
sobre sus hombros inertes,
atravesado de espinas,
piltrafa, despojo, muerte…
a su paso una luz blanca
va dejando, de tal suerte
que una claridad inmensa
llena la plaza y la envuelve…
Plazuela de Santa Cruz,
donde la tarde se duerme.
 
También podréis asistir a la procesión llamada de Penitencia y Caridad, la primera de la tarde… durante ella,  la Quinta Angustia de Gregorio Fernández y el Cristo de la Preciosísima Sangre, de Lázaro Gumiel, acuden a los hospitales para llevar un puñado de esperanza a los enfermos. Antes, también se acudía a la cárcel para soltar a un preso. Ahora, con la cárcel alejada del entorno urbano, el preso se incorpora al desfile, como un penitente más, desde el mismo Palacio de la Audiencia.
 
9/
 
 
La Quinta Angustia acaricia
el viento con la mirada
y el viento lleva en la tarde,
entrando por las ventanas,
su caricia a los que sufren
en el hospital en calma…
 
Podréis asistir a la Procesión de la Amargura, nacida hace décadas para el barrio de las Delicias y que hoy recorre las calles más céntricas desde los alrededores de la calle Santiago hasta la Catedral para, allí, hacer estación ante el Santísimo Sacramento, oración que se rasga contra el dolor de las piedras… 
Procesión de la Amargura que está repleta de actos penitenciales capaces de tachonar de piedad la geografía urbana de la ciudad…  La Oración del Huerto y el Prendimiento —las imágenes nacidas de la gubia de Miguel Ángel Tapia—, la Exaltación de la Cruz —antigua hermandad de los ferroviarios—, los hermanos del Descendimiento con su paso del “Monte Calvario”; la Orden Franciscana Seglar, portando las imágenes nacidas del claustro de Santa Isabel con esa estremecedora Virgen de la Soledad.
Antes, la Cofradía de la Sagrada Cena, “trasunto monumental/  de aquel momento en que eleva/ Jesús la Sagrada forma”… entonará un canto al Perdón y a la Esperanza llevando hasta la Santa Iglesia Catedral a su Jesús de la Esperanza, obra que Juan de Guraya firmó en el año de1946 y que ya había recorrido las calles de la ciudad el miércoles anterior a hombros de sus cofrades. Podéis asistir a la procesión de Oración y Sacrificio que, a hombros de penitentes de la Cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo, muestra imágenes históricas del patrimonio religioso de Valladolid:  en especial el Santísimo Cristo del Perdón, monumental obra de Bernardo del Rincón… Para después esperar a los cofrades del Santísimo Cristo Despojado y Nuestra Madre la Virgen de la Amargura, con esas imágenes de sabor murciano nacidas de la inspiración de José Antonio Hernández Navarro, aquellos hermanos que en mi infancia y juventud contemplé, sin capirote como hoy, y pertenecientes a la Juventud Obrera Católica… O la peregrinación del Silencio que lleva al Cristo de la Agonía por las calles de la ciudad sin otro rumor que el de los hábitos morados de los Nazarenos,  al rozar el viento de esa noche … Pero el Jueves Santo es, además, el día de las mantillas españolas, de las manolas que muestran con donaire su luto y su belleza, ambos a una. Que el dolor, cuando purifica, también es bello Este es mi homenaje a la mujer vallisoletana:
 
Como aquella tarde
no habrá jamás otra…
No podrá borrarse
de nuestra memoria
por más que han pasado
tantas, tantas cosas,
tantos, tantos años
por nuestras personas…
 
 
¿Te acuerdas?... Llevabas
mantilla de blonda,
zapatito de ante,
peineta de concha,
tu vestido negro,
al pecho una rosa,
tu devocionario…
Pero… ¿Por qué lloras?...
Abuelilla… nena…
 
 
 
10/
 
 
Ibas tan hermosa
que dabas envidia
a las mismas rosas
y hasta se diría
que su mismo aroma
era el que exhalabas
al pasar airosa…
 
¿Te acuerdas, abuela,
abuelilla chocha,
cuando aquella tarde
se enredó tu honda
mirada en la mía
en la media sombra
de aquella capilla
de la Dolorosa?...
 
Era Jueves Santo
y la tarde, toda
de sol y de oro,
como una aureola,
se posó en tu frente,
en tu pelo en ondas
que resplandecía
igual que una joya.
 
¿Te acuerdas?... ¡Qué dulce
sonrisa en tu boca!...
en tu boca, en esa
que no tiene ahora
ni un diente de aquellos,
tan blancos… Si, llora,
llora cuanto quieras
que eso desahoga…
Yo también, abuela,
siento una congoja…
¡Pues no estoy llorando!
¡Bendita memoria!...
 
Pero, mira, mira
esa buena moza
que viene llamando
la atención de todas
las miradas… Deja,
deja, picarona…
¡Celos a tu edad!...
 
 
 
 
 
 
11/
 
 
Claro que es hermosa…
Como tú aquel día,
da envidia a las rosas
y lleva lo mismo:
mantilla de blonda,
zapatito de ante,
peineta de concha,
su vestido negro
–la falda más corta
que la tuya, abuela-
¡Eres tú de moza,
la misma, más guapa
que la propia aurora!...
¡Celos a tu edad!
¡Celos la señora
sin dientes y ciega,
la mano temblona,
con el pelo blanco
–aquel rubio en ondas-
con la cara seca…
 
¡Celos mi señora!...
No puedes tenerlos.
Ven aquí, preciosa,
y dile a tu abuela
que estás tan hermosa
como ella aquel día,
pero más… ¡ni en bromas!...
Anda, dala un beso
muy fuerte, en la boca,
porque también ella
se estrena hoy de novia…
 
Era Jueves Santo…
¿Te acuerdas ahora?...
Como aquella tarde
no habrá jamás otra…
 
Pues no estoy llorando…
y tú… ¿por qué lloras?...
 
Otras tres procesiones cierran el ciclo del Jueves: la Cofradía del Descendimiento, cofrades en los que “bajo el  habito de raso morado/se estremece la fe y el sentimiento” con su Cristo Yacente de la parroquia de San Miguel ya rozando las primeras horas del Viernes. Tuve el honor y la emoción de participar en este viaje desde la iglesia parroquial hasta la Cruz del Humilladero de San Pablo y puedo asegurar que se me puso la piel de gallina viviendo lo que cualquier cofrade del Descendimiento vive cada año acompañando a la imagen que forma parte de la increíble colección de “yacentes” que firmó Gregorio Fernández. De ese momento, me surgió este poema:
 
 
 
 
12/
 
 
Yo también, Cristo Yacente,
con la pena atravesada
y el corazón encogido,
todo mi cuerpo una llaga,
inclino mi falso orgullo
y someto mi arrogancia,
me postro ante tu presencia
mientras de mis labios salta,
como un dardo, una oración
que sobrevuela y se clava
en el humo de los cirios
y el dintel de las ventanas… 
Si es Dios mismo quien se humilla,
cómo yo no me humillara…
 
El Santo Entierro peregrinaba antes hasta el barrio Girón pero, dentro de los cambios que han marcado nuestra Semana Santa, la cofradía decidió acudir como tantas otras hasta la Iglesia Catedral y, con ese nuevo itinerario, se cambió también el título de la procesión que pasó a llamarse “Verum Corpus”. Por último, la procesión de Regla de la Vera Cruz que alumbra todos los pasos propiedad de la penitencial (la mayoría de Gregorio Fernández) cierra la programación del Jueves Santo y da paso a la presencia en la calle de otras convocatorias que iluminan el Viernes Santo, Viernes de la Cruz… La Dolorosa es la Madre, pero también es la reina que culmina la Pasión.
 
En los altos corredores
se amontonan las estrellas
en barandales de cobre
cuando el portón de la iglesia
que es penitencial y noble
descorre las cerraduras…
en un movimiento torpe
gira el paño y se abre el marco,
chirrían sus viejos goznes
para que a su través pasen
–encoged los corazones-
la madera hecha suplicio,
el sentimiento hecho a golpes
de martillo, escoplo y gubia,
el alma hecha jirones,
la fe convertida en arte
por el sueño de los hombres.
 
Valladolid, ciudad de yacentes… Pero, sobre todo, Valladolid ciudad de fe anclada en su tradición… Mi padre, de acuerdo con José Luis Martín Descalzo, tituló a nuestra Virgen de las Angustias en una de sus Glosas de Actualidad como la Señora de Valladolid. Y la Señora de Valladolid, presintiendo lo que teme pero conociendo la irremediable desventura, a la una de la madrugada abre los actos del Viernes Santo, del Viernes de la Cruz con la procesión de Regla de su Ilustre Cofradía Penitencial. Una de las cofradías de mayor prestigio en el intenso programa de nuestra Semana Santa muestra en su procesión figuras tan singulares como el Cristo de los Carboneros que firmó Francisco del Rincón durante los primeros años del siglo XVII; de Gregorio Fernández las tallas de San Juan y María Magdalena que formaban parte del antiguo Descendimiento; un Cristo Yacente que salió durante el siglo XVII del taller local y que conserva los rasgos más brillantes de la Escuela Castellana… 
 
13/
 
Y, desde luego, la figura de Nuestra Señora de las Angustias trabajada por Juan de Juni en 1571, que los ciudadanos de Valladolid acogieron como su Madre y Señora y ante la que diariamente se postran miles de vallisoletanos.
 
Dolorosa de Juní,
déjame llorar contigo
que cuando vuelves a nos
esos tus ojos transidos
por el llanto de tu pena,
quisiera que los cuchillos
floreciesen en tu pecho
para convertirse en lirios…
 
Cuando el amanecer acaba de romper el día y la mañana se ofrece a la emoción, es la Orden Franciscana Seglar quien pone en marcha su Vía Crucis por el Paseo de Zorrilla y su entorno. La ciudad que crece por su zona más habitada ora en cada estación pero, sobre todo, se inclina ante el gran símbolo de nuestra religión: una cruz desnuda, si, vacía de cuerpo, si, pero henchida del espíritu de aquel que, desde su altura, nos redimió a todo el género humano. En su regreso a su sede, se entona la Salve y se canta el canto popular Victoria frente a un madero abrigado únicamente por el sudario…
 
Solo el sudario, trémulo
sobre la Cruz franciscana…
Y el madero solo, despojado, junto
al rumor del Vía Crucis hecho estación
de fe, segundo a segundo
por toda la eternidad.
Paseo de Zorrilla arriba entre juncos
de plegarias y mil ramos de oraciones.
 
Aunque, en el Viernes Santo, la atención se reparte por igual entre mañana y tarde. Los dos acontecimientos más trascendentales de la Semana Santa de Valladolid son, a mediodía y en la Plaza Mayor convertida en templo, el Sermón de las Siete Palabras. Y por la tarde, ya anochecida, la procesión General de la Pasión de Cristo. El primero tiene como epílogo espectacular el desfilar de jinetes encapuchados, “verdugos de frentes rojas”, desde las ocho de la mañana. Jinetes y Verdugos que recorren de punta a punta todas las calles de la ciudad para dejar su pregón, el pregón que convoca al pueblo fiel para que acuda a la Plaza Mayor convertida en Monte Calvario, donde antaño tantos autos de fe tuvieron lugar con el fin de amedrentar a los conversos. Piden que el pueblo acuda al Calvario convertido en Plaza Mayor para presenciar otro auto más del que la fe saldrá fortalecida sin temor alguno. Las Siete Palabras, mi cofradía desde niño, vive su gran día…
 
Háganse templo la ciudad y el alma,
Gólgota cada vida en el dolor
y rómpase en su tallo hasta la palma
que en el domingo saludó al Señor.
Muere el Hijo de Dios y su agonía
–clavado por nosotros en la cruz-
se hace suspiro, verbo y profecía,
divina voz que se nos vuelve luz.
Habla Jesús, que muere, y a su acento
hágase todo pura eternidad,
amor el odio, golondrina el viento
y sus Siete Palabras escuchad
suspensa el alma, inmóvil el momento
en templo convertida la ciudad.
 
 
 
14/
 
Luego, en el incomparable marco de la Plaza Mayor, con el colorido de todas las cofradías presentes, el pueblo asiste al sermón que desbroza, una a una, las siete palabras que pronunció Jesús desde la Cruz. La Plaza Mayor cobra perfiles de oración, toda la ciudad se convierte en templo y en el templo todos los corazones laten a un mismo ritmo.
 
Una fila de capirotes rojos…
Una hilera de capas arrogantes…
Un mar de túnicas verdes… Manojos
de colores opacos y brillantes…
Un redoble de tambores vibrantes…
Un vuelo de guiones y banderas…
Una ola de cofrades caminantes…
Un rumor de oraciones viajeras…
La Plaza se hace templo ciudadano
o el templo es una plaza en sus vidrieras…
El viento suena a canto gregoriano
y el salmo se hace viento en las troneras…
Los balcones de hierro castellano
envuelven sus barandas con el luto
del dolor lacerante y franciscano…
La mañana se acorta en un minuto…
El orador explica la palabra
del Señor y el silencio es absoluto…
El mensaje de Dios cincela y labra
el tronco de los árboles añojos
y consigue que el alma se entreabra…
 
El orador de tan impresionante Sermón será este año Su Eminencia don Manuel Sánchez Monge, obispo de Santander… Luego, por la tarde, la Procesión General hace repaso a todos los momentos de aquel misterio que nos salvó a los hombres. 33 pasos, 33 nada menos tras la incorporación de San Juan, el Discípulo Amado, al conjunto general de la Pasión junto a Nuestra Señora y María Magdalena…
 
Van pasando las imágenes
de la Pasión, una a una,
cobrando expresión y vida
las sublimes esculturas…
en ellas revive el pueblo
la calle de la Amargura
y se siente redimido
una vez más de sus culpas,
porque una flecha de luz,
cruzando la noche oscura
de las almas, va a clavarse
en el cuervo de la duda.
 
Esculturas de Juní
y de Gregorio Fernández,
santos de palo que fueron,
en sus manos y a su imagen,
(divinos imagineros)
madera que se hizo carne
y, en ella, al hendir la gubia,
resina que se hizo sangre.
 
 
 
 
15/
 
Bosque de Cristos y Cruces
florecido en el paisaje,
Dolorosas que navegan
por un mar de claridades,
barcas de luz y de flores
van pasando y, en la calle,
estremecido trasunto
de la Pasión se nos hacen.
 
Túnicas y capirotes
blancos, negros, rojos, verdes,
azules, morados, grises…
cofrades y penitentes,
en número interminable
que a los ojos se nos pierde,
con sus cirios encendidos
que fuegos fatuos parecen,
forman la legión sin rostro
que va dejando en las gentes
un reguero de preguntas
y a su andar, lento y solemne,
una ansia de penitencias
en el alma transparente.
 
En esa procesión del Viernes Santo, verdadera marea de Dolorosas y Crucificados, destacan éstos últimos por su intensidad, por la emoción que provoca contemplar a Cristo en su momento supremo.
 
Milagro fue que de la estéril roca
manase un chorro limpio al solo roce
de mi labio sediento de su goce,
agua divina que colmó mi boca.
Milagro que al beber agua en el suelo
manase el hilo puro de mi llanto,
fuente escondida que cegó de tanto
sufrir ingratitud el alma en celo.
Milagro fue, Señor, que al contemplarte
“clavado en esa cruz y escarnecido”,
se hicieran luz mis sombras, fe el latido,
serenidad mis pulsos y, en amarte,
fuere dolor por mi bien recibido
si era una espina menos a arañarte…
 
Sábado Santo, de un especial sabor mariano en estas nuestras tierras de lágrimas, sangre y esfuerzo. Sábado Santo que, en sus primeras horas  y apenas concluida la Procesión General de la Pasión, arranca con la Soledad de la Virgen. Es la que el pueblo define como procesión de las mujeres porque son mujeres de todo tipo y condición, desnudas de hábito alguno, con el ropaje de cada día, con los vestidos y faldas, con los abrigos de su quehacer diario, quienes acompañan en su desgarro a Nuestra Señora de las Angustias, a la Dolorosa de Juní en una procesión de emotiva intensidad.
 
Cuando ya de madrugada
el desfile fugitivo
vuelve de nuevo a la iglesia,
la Virgen en su equilibrio
ya no se siente tan sola,
su dolor tiene otro brillo,
 
 
16/
 
las rosas que la acompañan
se han cubierto de rocío,
por las esquinas crecieron
en manojo los jacintos
y la Salve no es susurro
que es emocionado grito…
Las mujeres en legión
ni siquiera tienen frío
y de sus gargantas nace
un ruego firme y rendido.
 
No se conoce bien si es la Historia o la Leyenda quien dice que Juan de Juni esculpió esta talla en el año de 1561 para Medina de Rioseco. Y que a los riosecanos no les agradó, por lo que se la devolvieron al escultor. Rioseco tuvo una nueva Dolorosa pero, ésta de las Angustias, a quien los vallisoletanos adoran con un fervor indefinible, quedó entronizada en el taller del artista. Y así se hizo porque, al parecer, Juní, para darla esa fuerza de supremo dolor, escogió para su Madre de Dios los gestos de su propia hermana agonizante… En todo caso, lo mismo que antes rendí homenaje a la mujer en general cuando se viste con la mantilla española, ahora quisiera hacerlo con las advocaciones de Nuestra Señora, tres de las advocaciones de María que llenan nuestras procesiones y, en paralelo a ellas, quiero homenajear a todas las madres, incluida mi esposa que es también madre, porque como las vírgenes, ellas viven también su semana de Pasión:
 
Si en mis momentos de mayor tristeza
en tu regazo encontré el consuelo
y si en la duda como en la flaqueza
fue tu cariño quien me alzó del suelo…
Ahora que el dolor es tu riqueza
quiero ayudarte a remontar el vuelo,
Angustias o Piedad o Dolorosa
que en una madre son la misma cosa…
 
Sábado Santo, imbuido del espíritu mariano. Por eso, en la atardecida, la ciudad ofrece sus dolores diarios a la Virgen de la Vera Cruz. A las siete de la tarde, este año en su iglesia titular, la ciudad en pleno le dice a la Señora que cada día resulta un ramillete de espinas, que la vida es toda una corona llena de sufrimientos y de dolor. Pero que ni el sufrimiento ni el dolor importan, si Ella comprende y bendice ese penar cotidiano.
 
Soy como un tallo, Señora.
Como el tallo de un rosal,
como un flotante cendal,
como un día sin aurora.
 
Soy, Madre, como un arbusto
lacerado por espinas,
un ramo sin clavellinas,
como un paladar sin gusto.
 
Soy un buque sin destino,
Virgen de la Vera Cruz,
como una estrella sin luz,
caminante sin camino…
 
 
 
 
17/
 
Soy eso y no soy nada.
Pero si vuelves a mí
tu mirada de alhelí
y me mira tu mirada
y tu sonrisa me baña
y es tu mano quien me guarda
y tu manto me resguarda,
suave brisa, dulce caña,
encontraré rumbo y vida,
razón de ser y de amar,
camino para caminar
y una nueva amanecida…
Si estás junto a mí, ¡oh hermosa
Señora!... ¡Oh Madre divina!...
brotará de cada espina,
fragante y bella, una rosa.
 
La causa de esos dolores en la Madre es, sin duda, la muerte del hijo. No hay dolor más agudo para una madre que ver morir a un hijo… Y, en la anochecida del sábado, a hombros de sus cofrades, túnicas de terciopelo negro con una cola que arrastra su doliente penitencia, el Cristo Yacente se traslada desde la iglesia conventual de San Joaquín y Santa Ana hasta el museo del monasterio. Es como si los  temores de Anás y Caifás se cumplieran. Como si los seguidores del Nazareno llevaran su cuerpo de una sepultura a otra. Pero no, no es así… Los cofrades trasladan su cuerpo desde la capilla de su veneración al lugar de su admiración, a la sala de su contemplación. Desde donde se le ofrece liturgia pública hasta donde le recibe en el coro bajo la comunidad monástica y se le reza, en silencio, conteniendo el llanto, mientras se le contempla con devoción: El cuerpo está aún caliente,
los labios a medio abrir,
a medio cerrar los ojos,
todo el pecho de marfil
y en la llaga del costado
un manantial carmesí…
Como recién descendido
o acabado de esculpir;
como un árbol cincelado
con aromas de jazmín,
el Santo Cristo Yacente
acostado de perfil
va de Santa Ana al Museo,
blanco sueño de alhelí,
a hombros de sus cofrades,
bajo la luz de un candil…
Al frente vuela un querube,
le acompaña un serafín
y solo suena el redoble
desigual del tamboril…
Jesús marcha a su sepulcro
en andas de un palanquín
y le lloran los luceros
y le llora el añafil,
le llora toda la plaza,
le llora Valladolid
y, en el alar de un tejado,
también llora un colibrí…
 
 
 
18/
 
Jesús marcha a su sepulcro,
se queda en su camarín
y allí estará doce meses
hasta que vuelva a morir.
Se han apagado los cirios,
la noche se ha vuelto gris,
las azucenas se han muerto,
se ha secado la raíz
del espino que dio espinas
al azotar su cerviz
y en la huerta del convento
floreció el toronjil…
 
En el domingo vuelven a iluminarse las ilusiones con la esperanza de la Resurrección. Y la Plaza Mayor de Valladolid se convierte, una vez más, en el valle de Josafat, en el templo de todas las oraciones, ahora para entonar el júbilo, el regocijo de tan significado momento.
 
¡Paz, hermanos, Cristo ha resucitado!
Paz porque ha resucitado en el alma,
en la noche, en la tarde y la mañana,
en la encina, en el olivo y la palma,
en la puerta, en el atrio y la ventana…
¡Aleluya!...
 
Con dos tallas modernas que siguen la tradición de las viejas esculturas de pino. Con las obras de dos imagineros que han heredado el temblor secular y la secular emoción de los viejos imagineros, con Nuestro Padre Jesús Resucitado que Ricardo Flecha esculpió en 1994… Con la Virgen de la Alegría que le nació en 1997 a Miguel Ángel Tapia, se pone el broche de oro a una semana de diez intensos y largos días. Más de una semana de dolor y de amor, de consuelo y de tragedia, una semana en definitiva de corazones abiertos a la fe y al prójimo, que no hay amor más divino que el amor que se siente por aquellos que, humanos como nosotros, no han tenido la fortuna de verse favorecidos… Más de una semana, sobre todo, de corazones abiertos… Porque es en el corazón, en esa sencilla víscera cardiaca, donde se guarda lo mejor y lo más puro del misterio del ser humano: precisamente, el dolor y el amor. Las dos únicas verdades de la vida, pasión y muerte que a cada uno de nosotros nos corresponde. 
 
El corazón. He ahí la gran fuerza que rige y regirá siempre el mundo desde aquel momento en el que, al herir Longinos con su lanza el costado de Cristo, ya muerto, el hierro logró que manase de aquel cuerpo destrozado el agua del perdón.
 
El corazón. He ahí el gran secreto de nuestra Semana Santa y lo que Valladolid ofrece a cuantos, en esos días, lleguen hasta nosotros en busca de algo que no saben, quizás, en qué consiste. Pero que irán descubriendo poco a poco, día tras día, procesión a procesión. El corazón con el que movemos todos los vallisoletanos nuestras imágenes de madera hasta convertirlas en imagen viva y real de lo que sucedió hace dos mil años. Quienes en los días de Semana Santa escojan para sus vacaciones  religiosas el fervor y la escueta  reciedumbre de nuestras calles, no podrán mantenerse en modo alguno como unos simples espectadores del drama. Acabarán contagiándose de ese sentimiento que anida en el corazón de cada vallisoletano que vive con intensidad la pasión y muerte de Cristo.
 
El corazón que empuja al pueblo a no ser un mero testigo de las procesiones sino que, por el contrario, le ayuda a convertirse en un actor más quizás, y sin duda, porque cada procesión es, también, la gran procesión de cada uno, el drama, las lágrimas, el vía crucis, el dolor, el sacrificio que forma parte de nuestro mundo interior. Y las gentes sencillas de esta ciudad, como las gentes sencillas de cualquier lugar de España, intuirán, atisbarán, conocerán que la vida de cada cual es en sí lo que es, y representa cada figura, cada talla, cada personaje que desfila, transfigurado en la madera… 
 
19/
 
Que así, de madera, de leño seco es y sentimos a veces nuestro cuerpo. Un cuerpo que es polvo de la tierra y para la tierra… Que es sueño de dolor y de pasión… Y desde esa pasión y desde el sentimiento cristiano, desde la hospitalidad y el amor, que son virtudes propias de quienes hemos nacido y vivimos en esta ciudad de Valladolid y de nuestros amores, invitamos a todos los hombres de buena voluntad para que vengan y  nos acompañen. Para que se lleguen hasta las riberas del río Pisuerga y sientan, como sentimos nosotros, que tras el dolor y el amor está el consuelo y la serenidad. Que tras el sacrificio y la tragedia, está la paz interior… Porque nadie olvidamos que se debe vestir al desnudo, que se debe dar de comer al hambriento y de beber al sediento, que se debe dar cobijo al peregrino y al emigrante...
 
No penséis en ninguna envoltura de folklore religioso. No penséis en nada que no sea sencillez y naturalidad. La nuestra es una Semana Santa vivida en su más auténtica realidad. La Semana Santa de las emociones internas y externas. La Semana Santa de las sensaciones. Las que van por fuera y las que no escapan nunca de nosotros mismos. La Semana Santa de las admiraciones. 
 
Las que salen de dentro y se manifiestan hacia fuera… 
 
Mi padre acabó así su Pregón Lírico de nuestra Semana Santa. Y así, con ese mismo sentimiento es como quiero acabar yo este mi pregón retrasado en el tiempo de mi inquietud porque el Señor así lo quiso, porque yo mismo así lo acepté:
 
Valladolid hecho templo,
Viernes Santo por la tarde…
¡Ay qué dolor será el tuyo
Valladolid, que te haces
todo Gólgota y Calvario,
abierto en cruz tu paisaje!...
¡Silencio!... ¡Calla!... no puedo
lanzar mi pregón al aire,
que todo está como muerto
y nadie me oiría… ¡nadie!...
 
Valladolid. Viernes Santo.
Pura maravilla de arte.
 
Que este sea mi pregón para Valladolid, para España y para el mundo…
 
 
 
 
 
 
267 Dias para el Viernes de Dolores

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