Esta serie de artículos dedicados a la liturgia católica, están extraídos y recopilados de distintas páginas de Internet, con el objeto de servir de formación y aprendizaje en temas litúrgicos para todos los cofrades que nos visitan en la página www.valladolidcofrade.com.

 

INDICE DE TEMAS

EL AÑO LITÚRGICO

ERRORES MÁS FRECUENTES COMETIDOS EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

LOS GRADOS DE LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

LA CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

LOS COLORES LITÚRGICOS

LA PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS EN LA LITÚRGIA

TABLA DE PREEMINENCIA DE LOS DÍAS LITÚRGICOS

LOS SIGNOS DE REVERENCIA: LAS POSTURAS

ELEMENTOS NATURALES DE LA LITURGIA

LOS GESTOS LITÚRGICOS

LAS FIESTAS DEL SEÑOR: NATIVIDAD

OBJETOS LITÚRGICOS

LAS FIESTAS DEL SEÑOR II

LA LITURGIA Y EL CULTO

LAS FIESTAS DEL SEÑOR III

EL CANTO EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

La presencia de María en la liturgia

ELEMENTOS ARTÍSTICOS DE LA LITURGIA: LA MÚSICA

EL CULTO A LA VIRGEN: SOLEMNIDADES

ALGUNAS NORMAS QUE ESTÁN EN VIGOR AUNQUE SON POCO OBSERVADAS

EL CULTO A LA VIRGEN: MEMORIAS

LOS MINISTERIOS LAICALES

EL CULTO A LA VIRGEN: FIESTAS

EL DIACONADO PERMANENTE

LA VENERACIÓN A LA VIRGEN: PARALITURGIAS

FUNCIONES DEL SACRISTÁN

LAS CORONACIONES DE LAS IMÁGENES MARIANAS

CALENDARIO DE JORNADAS Y COLECTAS 2007

EL TIEMPO PASCUAL

CONCEPTO DE LITURGIA

EL TIEMPO ORDINARIO

EL TEMPLO

LA CUARESMA

LOS LUGARES DE LA CELEBRACIÓN

EL ADVIENTO

MOBILIARIO LITÚRGICO DEL TEMPLO

LA LITÚRGIA DE LA SEMANA SANTA

EL ALTAR

LA VIGILIA PASCUAL

LAS VESTIDURAS SAGRADAS

LA RELIGIOSIDAD POPULAR

LOS LIBROS LITÚRGICOS

LAS PROCESIONES

EL LECCIONARIO

LOS CULTOS EN LAS COFRADÍAS

LOS LIBROS DE LA BIBLIA

LA INCENSACIÓN

ELEMENTOS ARTÍSTICOS DE LA LITURGIA 
EL CULTO A LAS IMÁGENES

FUNCIONES DE LOS ACÓLITOS EN LAS COFRADÍAS

EL ESPÍRITU DE LA LITURGIA

CLASES DE CULTO

LA LITURGIA DE LAS HORAS

EL CULTO A LOS SANTOS

LAS HORAS DEL OFICIO DIVINO

EL CULTO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

DICCIONARIO LITÚRGICO

LAS MISAS DE DIFUNTOS

EL VÍA CRUCIS

LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

LETANÍAS LAURETANAS A LA VIRGEN

ELEMENTOS NECESARIOS PARA LA CELEBRACIÓN DE LA MISA

DOCUMENTOS SOBRE LITURGIA

LA SAGRADA COMUNIÓN: QUIEN PUEDE IMPARTIRLA, CONDICIONES Y MANERA DE RECIBIRLA

BIBLIOGRAFÍA SOBRE TEMAS LITÚRGICOS

 

 

EL AÑO LITÚRGICO

 

El ritmo semanal con el domingo como día central es el primer eslabón de la cadena del Año litúrgico. Con el tiempo, un domingo destacó sobre los demás: fue el domingo de Pascua. En rigor, todos los domingos del año son domingos pascuales, pascua semanal. La Iglesia desde el Siglo V ha impuesto la obligación de santificar el día del Señor, día que comienza en las Vísperas, o sea, en la tarde anterior (sábado) siguiendo la costumbre judía de contar los días. También las solemnidades comienzan en la Víspera. Por este motivo la misa vespertina del sábado "vale" para cumplir el precepto dominical porque en rigor ya es domingo.

 

El domingo pascual, núcleo del Año litúrgico, quedó fijado por el Concilio de Nicea reunido el año 325 que dispuso que la Pascua se celebrase el domingo posterior al primer plenilunio del equinoccio de primavera, o dicho de otra manera, el domingo que sigue a la primera luna llena que haya después del 22 de marzo. Por este motivo, la Pascua de Resurrección es fiesta variable, ya que depende de la luna y necesariamente deberá oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Una vez fijado el domingo pascual de cada año se establecen los demás tiempos movibles y sus fiestas: el tiempo pascual (cincuenta días posteriores) y el tiempo cuaresmal (cuarenta días atrás) además de las solemnidades que dependen de la fecha de Pentecostés (Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón).

 

El Año Litúrgico puede decirse que se compone de tiempos “fuertes” (Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua) en los cuales se celebra un misterio concreto de la historia de la Salvación y otro tiempo llamado Tiempo Ordinario en el cual no se celebra ningún aspecto concreto sino más bien el mismo misterio de Cristo en su plenitud, especialmente en los domingos. Este Tiempo Ordinario transcurre partido y dura treinta y tres o treinta y cuatro semanas.

 

TIEMPO DE ADVIENTO: El año litúrgico comienza en las vísperas del primer domingo de Adviento, que es siempre el domingo más cercano al día 30 de noviembre, festividad de San Andrés. Dura cuatro semanas con sus respectivos domingos.

 

TIEMPO DE NAVIDAD: Abarca desde el veinticinco de diciembre hasta el domingo posterior a la Epifanía (6 de enero). Ese domingo celebramos el bautismo del Señor.

 

TIEMPO ORDINARIO: PRIMERA PARTE. Abarca desde el lunes posterior a la fiesta del Bautismo del Señor hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza.

 

TIEMPO DE CUARESMA: La Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua de Cristo, es un tiempo claramente penitencial. "Actualmente, el cómputo matemático hace de nuestra Cuaresma un período de cuarenta y cuatro días, incluidos el miércoles de Ceniza y el Jueves Santo". Incluye cuarenta días de penitencia, excluyendo los cinco domingos de Cuaresma y el de Ramos (el domingo siempre es día festivo) y añadiendo los días del Viernes y Sábado Santo, ya en pleno Triduo Pascual. En sentido estricto, la Cuaresma abarca desde el miércoles de Ceniza hasta la misa vespertina de la Cena del Señor del Jueves Santo (NUALC 29).

 

SEMANA SANTA: Es la semana que abarca desde el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor hasta la Vigilia Pascual del Sábado Santo. Incluye al Triduo Pascual, que comienza con la Misa vespertina en la Cena del Señor, del Jueves Santo y se prolonga Viernes, Sábado Santo y el Domingo de Resurreción. Triduo del Señor muerto, enterrado y resucitado. Es un error muy extendido hoy día seguir llamando Domingo de Pasión al domingo anterior al de Ramos (V de Cuaresma) cuando hoy día el domingo de Pasión es el mismo del de Ramos ya que se denomina Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

 

TIEMPO PASCUAL: Abarca los cincuenta días posteriores a Pascua de Resurrección (cincuentena pascual), incluyendo el domingo pascual, y se distinguen tres períodos:

 

v     Octava de Pascua: son los ocho días posteriores y deben considerarse como un solo día festivo. Termina en las Vísperas del II Domingo de Pascua.

v     Tiempo Pascual hasta la Ascensión

v     Tiempo Pascual después de la Ascensión.

 

El Domingo de Pentecostés, que se celebra a los cincuenta días de Pascua, es el colofón del ciclo pascual, no debe pues considerarse como una nueva Pascua.

 

TIEMPO ORDINARIO: (SEGUNDA PARTE). Abarca desde el lunes posterior a Pentecostés hasta las Vísperas del primer domingo de Adviento. El domingo anterior al primero de Adviento, último del Año litúrgico, celebramos la solemnidad de Cristo Rey.

 

Los días que no son domingos de cualquier tiempo se llaman ferias. Según la costumbre latina, el lunes recibe el nombre de "feria segunda" y así sucesivamente hasta la feria sexta (viernes). Recuérdese el nombre tan clásico y venerable de "feria V in Coena Domini" al Jueves Santo y el de "feria VI in Passione Domini" al Viernes Santo. El sábado tiene su nombre propio heredado de los judíos (Sabbat que significa descanso). El dies domínica, (kyriaké emera) es el domingo, el día del Señor. Ese día fue el de la resurrección de Cristo. Así nos lo cuentan los evangelistas (Mateo 28.1-7; Marcos 16. 1-8; Lucas 24.1-12; Juan 20. 1-10). Es también ese día el elegido por Jesús Resucitado para aparecerse a sus discípulos en el camino de Emaús y en el Cenáculo. También al domingo se la ha llamado el “octavo día” por los Padres de la Iglesia, haciendo referencia al tiempo nuevo que abre la resurrección y en otro sentido se le ha llamado el “tercer día” si se mira desde la perspectiva de la Cruz. De los simbolismos expuestos considerarlo como primer día de la semana será el más importante.

 

Terminamos con las palabras que la Constitución Litúrgica del Vaticano II (S.C.) nos dice sobre el año litúrgico:

 

"La Santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana en el día que llaman del Señor, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra, junto con su santa pasión, en la solemnidad de la Pascua. Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor. Conmemorando así los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación.

 

En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo... Además, la Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los mártires y de los demás santos que, llegado a la perfección por la multiforme gracia de Dios, y habiendo ya alcanzado la salvación eterna, cantan la perfecta alabanza de Dios en el cielo e interceden por nosotros" (SC. 102, 103, 104).

 

Siglas empleadas:
CDC: Código de Derecho Canónico
NUALC: Normas Universales para el Año Litúrgico.
SC.: Sacrosanctum Concilium

 


 

 

LOS GRADOS DE LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

 

Las celebraciones de la Iglesia Católica se dividen en celebraciones del Señor, de la Virgen y de los Santos, y a su vez, cada uno de estos grupos y dependiendo de su grado de importancia en tres clases:

 

v     SOLEMNIDADES: Días que por ser considerados muy importantes por la Iglesia se equiparan a domingos (pascua semanal) y comienzan a celebrarse, por lo tanto, en las vísperas. Son catorce: Maternidad de María, Epifanía, San José, Anunciación, San Juan Bautista, Santos Pedro y Pablo, Asunción, Todos los Santos, Inmaculada, Navidad, Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón y Cristo Rey. Estas solemnidades tienen todo propio como las lecturas, prefacio, oraciones, etc. En nuestra nación, Santiago Apóstol (patrón de España) es también solemnidad. La solemnidad por excelencia es el domingo de Pascua, en que celebramos la Resurrección.

v     FIESTAS: Hoy día son veinticinco. Son días litúrgicos de menor rango que las solemnidades y se celebran dentro del día natural, salvo que se traten de fiestas del Señor que caigan en domingo, teniendo entonces primeras Vísperas. Citaremos las fiestas de los distintos Apóstoles, el Bautismo de Jesús, Sagrada Familia y otras.

v     MEMORIAS: Pueden ser obligatorias o libres, las obligatorias en el calendario universal son sesenta y tres. Las memorias, tanto las obligatorias como las libres, son conmemoraciones de los Santos y algunas de la Virgen.

 

Algunas solemnidades tienen octava, como Navidad y Pascua, aunque la octava de Pascua excluye totalmente otras celebraciones, cosa que no pasa en Navidad, que admite en su octava las fiestas de San Esteban, San Juan Evangelista, Los Santos Inocentes, Sagrada Familia y María, Madre de Dios. La octava de Pentecostés está suprimida.

 

Además, según el calendario litúrgico, tienen categoría de solemnidad las siguientes celebraciones propias de cada lugar:

 

Ø        Solemnidad del Patrón principal del lugar, sea pueblo o ciudad.

Ø        Solemnidad de la Dedicación y aniversario de la Dedicación de la Iglesia propia.

Ø        Solemnidad del Título de la iglesia propia.

Ø        Solemnidad o del Título, o del Fundador, o del Patrono principal de la Orden o Congregación religiosa.

 

Con el Nuevo Calendario de Santos, promulgado tras la reforma de 1969, se han tenido en cuenta unos criterios que en definitiva hacen referencia a la primacía del Misterio de Cristo, a priorizar el domingo como pascua semanal, distinguir entre celebraciones universales y particulares, y en cuanto al culto a los santos, descargar un poco de fiestas y dejar muchas de ellas como memorias libres o facultativas, al objeto de que los fieles de cada localidad puedan celebrarlas según sus propias devociones, dejando unas figuras universales a recordar obligatoriamente, bien seleccionadas y representativas.

 

Este cambio no fue bien entendido en ocasiones, como sucedió con la reducción de las llamadas fiestas de precepto, que son celebraciones que la Iglesia considera muy importantes y por eso las equipara a un domingo, interpretando el pueblo que la Iglesia se pliega al poder civil al trasladar fiestas muy tradicionales al domingo si es que caían en días laborables tales como Corpus o la Ascensión. El CDC en su Canon 1246.1 nos relaciona los días de precepto, a saber: los domingos y además los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Corpus Christi, Santa María Madre de Dios, Inmaculada, Asunción, San José, santos Apóstoles Pedro y Pablo y Todos los Santos. En el siguiente punto se autoriza a la Conferencia Episcopal a trasladar algunas de esas solemnidades a domingo. La reforma del Derecho Canónico prevé que la calificación de precepto sólo sea unitaria para Navidad y para una solemnidad de la Virgen y que cada Conferencia Episcopal determinará, en cada lugar, que otras fiestas además de las citadas serán de precepto.

 

Las solemnidades del Señor pasadas a domingo se celebran como día propio (Corpus y Ascensión), quedando la Epifanía en su fecha. El motivo es que el pueblo de Dios no debe dejar de celebrar estas fechas y la legislación laboral (que en muchos países no las consideraba fiestas de descanso) impedía o dificultaba su celebración, que además tiene en el domingo su día más señalado.


 

 

LOS COLORES LITÚRGICOS

 

Los colores litúrgicos empleados en la celebración de la Misa católica en las vestiduras de los celebrantes son:

v               BLANCO: Simboliza pureza y tiempo de júbilo. Es usado en los momentos principales del calendario litúrgico; Navidad y Pascua. También se usa en fiestas dedicadas a la Virgen o Santos no Martirizados, así como en la festividad de Todos los Santos o Cristo Rey.

v               MORADO: Simboliza una profundización espiritual, una preparación. Se usa en Adviento y en Cuaresma, tiempos de preparación para la Navidad y la Pascua respectivamente. También se usa en funerales y misas de difuntos.

v               VERDE: Simboliza la esperanza. Es usado después de Navidad hasta Cuaresma, y después de la Pascua hasta el Adviento. Es tiempo de esperanza por la venida del Mesías y por la Resurrección salvadora respectivamente. Este tiempo se conoce como Tiempo Ordinario dentro del calendario litúrgico.

v               ROJO: Simboliza el martirio y la fuerza del Espíritu Santo. Es usado en las fiestas de Santos Martirizados, Domingo de Ramos, Viernes Santo y Pentecostés.

v               NEGRO: Simboliza duelo y tristeza, se utiliza para misa de difuntos y para Miércoles de Ceniza, ha caído en desuso en favor del morado.

v               ROSADO: Se utiliza en la misa de la tercera semana de Adviento para indicar la cercanía de Navidad y la cuarta semana de la Cuaresma para indicar pausar la penitencia.

v               AZUL: Simboliza pureza y la virginidad. Se utiliza para las fiestas de la Virgen María, especialmente para la Inmaculada Concepción.

v               DORADO: Simboliza triunfo y júbilo, se utiliza en las grandes fiestas en especial en las misas del Domingo de Resurrección.


 

 

TABLA DE PREEMINENCIA DE LOS DÍAS LITÚRGICOS

 

Dentro del calendario litúrgico existe un orden de precedencia, de importancia. Esta tabla es la siguiente:

 

                    1.         Triduo pascual de la Pasión y Resurrección del Señor.

                    2.         Natividad del Señor, Epifanía, Ascensión y Pentecostés.

Domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua.

Miércoles de Ceniza.

Semana Santa (de lunes a jueves)

Octava de Pascua.

                    3.         Solemnidades del Señor, de la Santísima Virgen María y de los Santos. Conmemoración de todos los fieles difuntos.

                    4.         Solemnidades propias tales como:

    1. Solemnidad del Patrono principal del lugar (sea pueblo o nación)
    2. Solemnidad de la Dedicación y aniversario de la Iglesia propia.
    3. Solemnidad del Titulo de la Iglesia propia.
    4. Solemnidad bien del Título, Fundador o Patrono principal de una Orden o Congregación.

                    5.         Fiestas del Señor.

                    6.         Domingos del tiempo de Navidad y del tiempo Ordinario.

                    7.         Fiestas de la Virgen y de los Santos.

                    8.         Fiestas propias (Patronos, Dedicación de la Catedral, Fundadores, etc.)

                    9.         Ferias de Adviento que van del 17 al 24 de diciembre, ferias de Cuaresma y octava de Navidad.

                  10.       Memorias obligatorias.

                  11.       Memorias obligatorias propias (Patronos secundarios de un lugar, otras Memorias inscritas en cada Diócesis, Orden o Congregación).

                  12.       Memorias libres.

                  13.       Resto de los días feriales (Adviento hasta el 16 de diciembre, Navidad desde el 2 de enero al sábado posterior a Epifanía, ferias del tiempo pascual fuera de la octava y todas las ferias del tiempo ordinario).


 

 

ELEMENTOS NATURALES DE LA LITÚRGIA

 

La Iglesia, cantora de la naturaleza y de su Creador y amante del simbolismo, debía aprovechar para su liturgia algunos de esos elementos como signos eficaces de valores sobrenaturales y salvíficos. El mismo Cristo los usó y les comunicó virtudes secretas en orden a la vida sobrenatural. Por ejemplo: el agua en el perdón, la saliva en el ciego, el hálito en el cenáculo, etc. Jesús explotó su simbolismo en sus discursos y parábolas: la luz, sal, vid, grano de mostaza, etc.

 

Vamos a analizar brevemente los principales elementos y símbolos litúrgicos que emplea la Iglesia, su significado y su uso:

 

LUZ: De todas las obras de la creación, la luz parece ser la más excelente. Con ella empezó Dios a adornar el mundo. Es la más hermosa de las creaturas naturales y de ella beben la belleza todas las demás. En la Vigilia Pascual se nos da la clave. La Iglesia bendice la luz sacándola del nuevo fuego y la introduce a la iglesia con el cirio pascual. La luz, por tanto, representa y rinde tributo a Jesucristo, “Luz del mundo”, símbolo de la presencia divina y de fiesta.

 

FUEGO: Es de los elementos más misteriosos y terribles, al mismo tiempo. Sin él, apenas se podría vivir. Es fuerza que quema y alumbra, mata y vivifica, destruye y purifica. La Iglesia utiliza constantemente el fuego para sus ritos:

o       Con el fuego anuncia la resurrección de Cristo, el Sábado Santo en la noche de la Vigilia Pascual.

o       En el incensario, fuego e incienso simbolizan el fervor de la oración y la entrega de nuestra vida, que se va consumiendo poco a poco como suave perfume en honor a Dios.

 

AGUA: Es uno de los elementos más indispensables para la vida, y henchido de simbolismo. Al principio del mundo, el Espíritu de Dios la acarició con su soplo como elemento de fecundidad; eran aguas repletas de vida vegetal y animal. Y Jesús la santificó con su contacto en las corrientes del río Jordán. El agua con el crisma forma parte de la materia del Bautismo. La Biblia está llena de fuentes, de pozos; y con el agua del diluvio quiso Dios limpiar la maldad de la tierra. Y Jesús de su costado abierto hizo brotar “sangre y agua”. Y su agua calma siempre la sed.

 

SALIVA: Jesús la usó para curar a un sordomudo y al ciego de nacimiento. Los santos Padres la consideraban como símbolo de la sabiduría; la liturgia la ha usado tan sólo en el Bautismo, mojando en ella la nariz y oídos del bautizado. Así reproducía el gesto de Jesús al curar. De esta manera, esos órganos están ya habilitados para oír con gusto la Palabra de Dios y aspirar el perfume de la santidad. Dada la sensibilidad de los tiempos modernos, el nuevo ritual del bautismo suprimió el uso de la saliva.

 

AIRE: El soplo del Creador infundió vida al hombre. Y el de Jesús resucitado comunicó a los apóstoles el Espíritu Santo. En el rito bautismal, ha figurado el soplo como signo de expulsión de Satanás, del alma del bautizado.

 

ACEITE: En la vida espiritual, simboliza: fortaleza espiritual y corporal, valor curativo y conservativo de carácter espiritual, efusión de la gracia, santificación e inhabitación del Espíritu Santo y testimonio cristiano, comunicación del poder divino y consagración de objetos sagrados. Y por eso se usa como materia en algunos sacramentos:

o       En el bautismo, el óleo de los catecúmenos se coloca en el pecho. Simboliza la fortaleza y la agilidad espiritual.

o       El crisma se compone de aceite y bálsamo. Se usa en el bautismo, confirmación y consagración de sacerdotes, obispos, cálices, altares, patenas, Iglesias. Todo cristiano tiene que exhalar el suave olor de la santidad, el suave olor de Cristo, como dice San Pablo. En la ordenación sacerdotal se ungen las manos; en la episcopal, la cabeza.

o       Óleo de los enfermos: vehículo para la gracia divina, y para la salud del cuerpo y del alma.

 

CIRIO: Se usa para el alumbrado propiamente litúrgico, es decir, para las Misas y demás sacramentos y sacramentales. La vela encendida sirve para simbolizar a Cristo-Luz del mundo y significar la fe y la oración de los fieles en presencia del Señor.

 

PAN Y VINO: Son la base del alimento corporal del hombre. Simbolizan, al convertirse en verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo, que la Eucaristía es alimento indispensable de todos los cristianos. Son los signos del sacrificio de su cuerpo y sangre como manjar espiritual del alma. El pan, hecho de muchos granos, y el vino, de muchos racimos, son símbolo de la unión íntima entre los cristianos. Simbolizan también la unidad de la Iglesia y de los cristianos con Cristo y entre sí, pues compartir el mismo pan y el mismo vino son signos de fraternidad, amistad y unidad.

 

SAL: que sazona y preserva, se dejó optativo en la fórmula ritual de la bendición del agua lustral como remedio para poner en fuga los demonios y ahuyentar enfermedades. También se usó en el bautismo, colocando unos granitos sobre la boca del bautizado.

 

CENIZA: Es símbolo de la caducidad de la vida y de todo lo material, y, por lo mismo, símbolo del dolor, de la penitencia, del arrepentimiento, de una gran aflicción. La Iglesia nos la pone el día del miércoles de ceniza “en señal de la humildad cristiana y como prenda del perdón que se espera”.

 

INCIENSO: Nuestra vida se tiene que quemar en honor a Dios, dando suave aroma. En las solemnidades se inciensa el altar y los santos, la cruz y el Santísimo Sacramento en señal de respeto y veneración. Se inciensa al sacerdote como representante de Dios, y a los fieles para recordarles que, como pueblo santo y sacerdotal, son concelebrantes y no sólo espectadores. Además, purifica el templo y nos eleva a Dios.

 

FLORES: Las flores naturales que adornan el altar y los santos significan fiesta, alegría, exultación piadosa. En tiempo de cuaresma, tiempo fuerte de penitencia y austeridad, aunque se pueden poner algunas plantas, no debe haber, sin embargo, flores en las iglesias, exceptuando el tercer domingo de cuaresma, domingo del “Laetare”, y las solemnidades y fiestas que caen en cuaresma.

 

CAMPANILLA: Para la atención piadosa y unión de corazones de la asamblea participante. Se usa en el momento de la consagración en la Santa Misa, para centrar la atención de los que participan en la eucaristía.

 

CRUZ: Como árbol de vida y victoria pascual, se adorará en los Oficios del Viernes Santo. Además preside la Eucaristía y encabeza las procesiones.


LAS FIESTAS DEL SEÑOR: NATIVIDAD

 

Un ciclo importante del año litúrgico se nuclea en torno a la festividad de la Natividad del Señor, fiesta fija, que celebramos el 25 de diciembre, Navidad.

 

La Iglesia celebra el Nacimiento desde el año 336, por disposición del papa san Julio I aunque en realidad no se sabe con exactitud la fecha del Nacimiento (en cualquier caso parece ser que fue unos años antes de los que normalmente consideramos) y ni siquiera si fue o no en invierno. Los orígenes de esta celebración parecen remontarse a tiempos muy lejanos, teniendo como lugar de inicio la gruta donde nació Jesús. Sobre esa gruta construye Santa Elena la basílica de la Natividad, allá por el año 326, colocando el altar encima mismo de la gruta. Se ha venido afirmando que los cristianos de Roma habían fijado en el Siglo IV la fecha del 25 de diciembre para conmemorar la Natividad del Señor, eligiendo la fecha de la fiesta civil romana del Sol invicto, fiesta muy popular entre los romanos y que evocaba la victoria del sol sobre las tinieblas, divinidad que tenía su templo romano en el Campo Marzo y que el emperador Adriano impuso.

 

El elegir esta fecha (solsticio de invierno) tiene un simbolismo. Al acabar el otoño el sol ha alcanzado su punto más bajo en el horizonte y justamente al comenzar el invierno comienza de nuevo a levantarse, simbolizando a Cristo, Sol naciente que con su luz alumbra a la Humanidad a la que ha venido a salvar. Con la venida de la nueva luz y el nacimiento del Sol (fiesta pagana) los creyentes celebramos a Cristo, luz que no se apaga jamás y Sol que ilumina a todos los hombres. Se introduce y generaliza posteriormente la costumbre romana de la Misa de medianoche (la tradicional Misa del Gallo), que se empezó celebrando en la basílica romana de Santa María la Mayor (basílica romana erigida como imitación de la de la Natividad en Belén).

 

La Navidad es una celebración entrañable, a la que contribuyó decisivamente la figura de San Francisco de Asís cuando en el año 1223 hace representar con personajes la escena de Belén, origen de los actuales belenes y nacimientos, tan arraigados en la religiosidad popular y que las Parroquias y Cofradías montan con gran cariño en época navideña. La cena navideña en familia, la asistencia a la Misa del Gallo y el beso a la imagen del Niño Jesús son elementos muy entrañables y queridos por el pueblo cristiano.

 

Hoy en día, sin embargo, se está dando justo el fenómeno contrario de lo que fue el origen de la Navidad. Si los primitivos cristianos tuvieron la valentía de "cristianizar" una fiesta pagana, (inculturación en términos antropológicos) hoy en día nuestra sociedad secularizada está "paganizando" una fiesta religiosa, convirtiendo los días navideños en época de consumo desenfrenado y vacación frívola, perdiendo el sentido de celebración religiosa.


 

 

LAS FIESTAS DEL SEÑOR II

 

Las fiestas del Señor admiten una triple clasificación: fiestas que celebran un misterio salvífico (Pascua, Ascensión, Pentecostés, Navidad y Epifanía); fiestas devocionales como la del Sagrado Corazón de Jesús y fiestas ideológicas tales como el Corpus o Cristo Rey. Vamos a ver algunas de ellas:

 

La Presentación del Señor (Candelaria): Es actualmente una festividad cristífera y así la ha retomado últimamente la liturgia, aunque su componente mariano (Purificación de la Virgen a los cuarenta días del parto) ha tenido bastante peso y era considerada antes de la reforma litúrgica como fiesta mariana. Es también una de las más antiguas celebrándose en Jerusalén a fines del S. IV y en Occidente se celebra desde el S. VII introducida por el papa Sergio I. La Purificación ya se celebraba en el rito judío a los 40 días del parto, o sea, en la cuarentena. Ese día, para cumplir la Ley Mosaica, los varones primogénitos debían ser ofrecidos a Dios y presentados en el Templo. Jesús lo fue ante el anciano Simeón. La fecha cristiana es la del 2 de febrero (40 días después de Navidad) y conjuntamente recordamos la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen (hay que entender esta purificación en lo referido a María como un trámite puramente "legal" para cumplir con la ley mosaica). Es la fiesta de la Candelaria, así llamada por la velas que se encienden ritualmente ese día para indicar que "Cristo es la luz de las naciones".

 

La Anunciación del Señor: El 25 de marzo (nueve meses antes del parto, que será el 25 de diciembre) es hoy solemnidad del Señor habiendo sido antes fiesta de la Virgen, pero con una gran contenido mariano. La Iglesia ha celebrado este misterio en Adviento, fijándolo posteriormente, por razones cronológicas, nueve meses antes del Nacimiento y así se celebra ya desde fines del S. VII. Actualmente la solemnidad se llama Anunciación del Señor. El contenido de esta fiesta hace referencia al momento de la concepción divina de Jesús en el seno de María.

 

La Santísima Trinidad: Siete días después de Pentecostés, o sea, el domingo posterior a Pentecostés se celebra esta solemnidad (extendida por Juan XXII en 1334 a toda la Cristiandad). Es una solemnidad de tipo ideológico que pretende llevarnos al umbral mismo del principal misterio de la teología.

 

Corpus Christi: Al jueves siguiente, hasta hace poco, la Iglesia celebraba la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, ahora pasada al domingo siguiente, fiesta de origen claramente medieval. Hay dos hechos que influyeron en la creación de esta fiesta: las revelaciones de la beata Juliana de Lieja y el milagro eucarístico acaecido en Bolsena (que resumido consiste en la caída milagrosa de la Sagrada forma de gotas de sangre al dudar un sacerdote de la presencia real de Cristo en la Eucaristía al oficiar misa junto al lago de Bolsena) lo cual hizo aumentar mucho el fervor eucarístico que se produce a partir del S. XII. El papa Urbano IV mediante la Bula “Transiturus” el 11 de agosto de 1264 la extiende a toda la Iglesia centrándola en un culto popular.

 

Sagrado Corazón de Jesús: El viernes posterior al domingo II después de Pentecostés celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, fiesta de origen devocional y popular desde el S. XVII, extendida a toda la iglesia en 1856 por Pío IX y dándole Pío XI la máxima categoría litúrgica en 1928. Los pilares de esta fiesta la ponen las monjas benedictinas Santa Gertrudis y Santa Matilde al propagar la devoción a las llagas de Cristo en la época medieval pero es Santa Margarita María de Alacoque la que da un impulso definitivo a esta devoción con sus visiones del Sagrado Corazón de Jesús. Su significado teológico tiene como telón de fondo la caridad y el amor de Cristo a los hombres simbolizados en su corazón.

 

Cristo Rey: También la celebramos como solemnidad del Señor en el último domingo del tiempo ordinario y como conclusión del año litúrgico. Esta solemnidad la instituyó Pío XI en 1925 mediante la Encíclica “Quas primas” para afirmar en nuestra sociedad secularizada la soberanía de Cristo y tuvo sus detractores entre círculos liturgistas por considerarla superflua ya que a Cristo se le honra como rey del Universo a lo largo de todo el año litúrgico.

 


 

 

LAS FIESTAS DEL SEÑOR III

 

Dos fiestas tienen relación con la Cruz de Cristo.

 

La Invención de la Cruz: Se celebraba el 3 de mayo, y recuerda el hallazgo de la Santa Cruz por la madre del emperador Constantino, Santa Elena, en Jerusalén allá por el año 326. De dicha Cruz se llevó la mitad a Roma y dejó la otra mitad en Jerusalén. Esta fiesta fue suprimida por Juan XXIII en la reforma litúrgica, aunque algunas Cofradías la siguen celebrando, por tradición. La palabra invención hay que tomarla aquí en su sentido etimológico más estricto (del latín inventare=encontrar).

 

La Exaltación de la Cruz: La celebramos el 14 de septiembre, y nos recuerda el día en que el emperador Heraclio trasladó la Cruz a Jerusalén tras haberla recuperado del poder de los persas que la tenían en su poder, derrotando al rey Cosroes II en el año 630. Al suprimirse la fiesta de la Invención es actualmente la única fiesta dedicada a la veneración de la Cruz.

 

Otra fiesta es la de la Transfiguración del Señor. Fue el Papa valenciano Calixto III quien la extiende a toda la Iglesia en 1457 como acción de gracias por la victoria contra los turcos en Belgrado del año anterior, Se celebra cuarenta días antes de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, el 6 de agosto, día en que la noticia de la victoria llegó a Roma.

 

La fiesta de la Dedicación de la basílica de Letrán, el 9 de noviembre. Ésa es la basílica considerada “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo” tal como reza en su fachada. En ella se celebraron cinco Concilios ecuménicos y tiene su sentido en la sacramentalidad de la Iglesia.

 

En España se celebra la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Tiene su origen en la Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote, que solicitan a Pío XII celebrarla como fiesta patronal y se extiende a toda España en 1973. Se celebra el jueves posterior al domingo pentecostal.

 

Fiestas suprimidas han sido la del Dulce Nombre de Jesús, hoy celebrada como memoria libre el 3 de enero y la de su Preciosísima Sangre, antes el 1 de julio.


 

 

La presencia de María en la litÚrgia

 

La presencia actual de María en la liturgia católica ha quedado claramente definida fundamentalmente por dos documentos: por un lado la Constitución promulgada por el Vaticano II sobre la Iglesia denominada “Lumen Gentium” fechada el 21 de noviembre de 1964 que dedica su capítulo VIII a la Santísima Virgen María , Madre de Dios, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia y por otro lado la Exhortación Apostólica "Marialis Cultus" para la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen , dada por el papa Pablo VI en Roma el 2 de febrero de 1974.

El papa Juan Pablo II también ha contribuido a enriquecer el culto mariano con su Encíclica "Redemptoris Mater" de fecha 25 de marzo de 1987 y con las misas de la Virgen María que en número de 46 han completado esta presencia de María en la liturgia católica dejando el culto a la Virgen claramente establecido y en su justo lugar. Estas misas están especialmente dirigidas para la memoria sabatina y para los santuarios marianos de la Cristiandad. La presencia del culto a la Virgen en la Iglesia católica se deja ver:

En el AÑO LITÚRGICO: La Virgen no tiene ni puede tener un ciclo propio dentro del año cristiano. La SC, documento para la reforma de la Sagrada Liturgia del Vaticano II nos dice en el apartado 103: "En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la BIENAVENTURADA MADRE DE DIOS, la Virgen María , unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y contempla, como en la más purísima imagen, lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser".

No obstante lo dicho hay un tiempo litúrgico en el cual la presencia de María es muy clara: en Adviento y Navidad. El Adviento es un tiempo especialmente mariano: se celebra la Solemnidad de la Inmaculada el 8 de diciembre y ya en tiempos de Navidad la Solemnidad de la María, Madre de Dios el 1 de enero. La última semana del Adviento, en las ferias del diecisiete al veinticuatro de diciembre es toda una eclosión de María que se refleja en las lecturas y un momento especialmente apto para celebrar el culto a la Madre de Dios. La Cuaresma y el tiempo pascual tienen en la liturgia actual escaso color mariano. Sin embargo, en Semana Santa la presencia de la Virgen al pie de la cruz se hace patente (he ahí a tu hijo... he ahí a tu madre), así como en Pentecostés cuando los Apóstoles, presididos por la Virgen, reciben el Espíritu Santo.

CADA DÍA: Se la recuerda durante la misa en la Plegaria Eucarística, que es el centro de la celebración, en algunos de los numerosos prefacios marianos establecidos para las fiestas de la Virgen, en las intercesiones cuando la Iglesia hace memoria de los Santos y en el embolismo tras el Padre Nuestro (si se dice “Líbranos, Señor, de todos los males...y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen Maria...). También se la recuerda en el Credo cuando lo hay ("y nació de santa María Virgen") y en el acto penitencial (si se escoge la fórmula del Yo confieso en la frase "por eso ruego a santa María, siempre Virgen").

La Liturgia de las Horas también recuerda diariamente a la Madre de Dios, concluyendo el Oficio de Completas, último del día, siempre con una antífona mariana de las que existen cinco formularios: Salve Regina; Sub tuum praesidium (Bajo tu amparo nos acogemos); Alma Redemptoris Mater (Madre del Redentor) en Adviento y Navidad; Regina caeli, laetare, alleluia (Reina del cielo, alégrate) en tiempo pascual y Ave Regina caelorum (Salve, Reina de los Cielos) en Cuaresma. Un lugar ciertamente privilegiado en esta Liturgia de las Horas concluir cada día con el recuerdo a María.

CADA SEMANA: En la memoria libre de Santa María en Sábado, día en el cual se pueden decir una de las misas de santa María Virgen. Desde la Edad Media se ha considerado el sábado como día dedicado a la Virgen. El fundamento de tal elección hay que buscarlo en la tradición, que considera que el sábado, día en que Jesús permanece muerto, es el día en que la Fe y la Esperanza de la Iglesia estuvieron puestas en María como presidenta del Colegio Apostólico. Tiene este día sus propias misas votivas.

Tradicionalmente el pueblo cristiano ha tenido en el mes de mayo un recuerdo especialmente ligado a la memoria de María, nacido de elementos de la piedad popular. Al coincidir con el tiempo pascual hay que saber conjugar la presencia de María con la Cristo, ya que María es en definitiva el fruto más espléndido de la Pascua que nos trae Jesús.

Pero a la Virgen se la recuerda muy especialmente en sus celebraciones propias que son:

v     Tres Solemnidades: María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción

v     Dos Fiestas: Natividad y Visitación

v     Ocho Memorias: Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora del Rosario, santa María Virgen Reina y la Presentación de Nuestra Señora como memorias obligatorias y Nuestra Señora de Lourdes, el Inmaculado Corazón de María, Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora de la Merced como memorias libres. Como creencias marianas la Iglesia ha proclamado cuatro dogmas que hacen referencia a María como siempre Virgen (antes, durante y después del parto), a María como Madre de Dios, a su Inmaculada Concepción y a su gloriosa Asunción a los cielos en cuerpo y alma.

A estas festividades habrá que sumarles las propias de cada nación, pueblo o comunidad religiosa. El color litúrgico propio de las fiestas marianas es el blanco y por especial privilegio de la Santa Sede, en España e Hispanoamérica puede usarse el azul en la Inmaculada y en la fiesta de la Medalla Milagrosa, así como la Orden franciscana. El color dorado también puede emplearse en grandes solemnidades para resaltar la importancia del día.

En lo que respecta a los signos de reverencia que se tributan a la Virgen habría que decir que la incensación a las imágenes marianas consiste en dos golpes dobles de incensario. La inclinación de cabeza (reverencia simple) es lo más apropiado ante sus imágenes. Recordamos que la genuflexión está reservada a Jesús sacramentado y a la adoración de la Cruz